Chile atraviesa un momento de inflexión en el que puede dejar atrás años de estancamiento económico para ingresar de lleno a la economía del futuro. Según el Banco Mundial, la demanda de minerales críticos se espera que se duplique para el 2040, lo que implica inversiones significativas para descubrir nuevos yacimientos, mejorar la infraestructura de procesamiento y prolongar la vida útil de los existentes. En este escenario, el país debe capitalizar sus abundantes recursos minerales e impulsar asimismo el sector energético, donde la transición hacia fuentes renovables ya se ha asentado de forma permanente.
El reciente lanzamiento del plan de modernización del Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) marca un hito importante. Estas innovaciones permiten acelerar la evaluación de proyectos, acortando los tiempos de calificación y facilitando la implementación de inversiones que cumplen con rigurosos estándares ambientales. Entre las mejoras se destacan la automatización de procesos en la atención de observaciones ciudadanas, el uso de buscadores impulsados por inteligencia artificial, la simplificación de formularios para la presentación de proyectos, una completa revisión de las consultas de pertinencia y un avance significativo en el análisis geoespacial. Estas acciones, más allá de ser actualizaciones técnicas, constituyen un avance decisivo hacia una gestión ambiental más eficiente y transparente.
De igual forma, se reconoce el papel destacado de Sofofa, el gremio que representa al sector privado, por impulsar espacios de colaboración público-privada. La invitación del sector industrial a que el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) y sus principales funcionarios participen en diálogos abiertos para ajustar estas herramientas es el reflejo de una sinergia esencial. Este acercamiento evidencia que el progreso no se logra en el aislamiento, sino mediante la convergencia de ideas entre el Estado y el empresariado, orientada hacia un futuro próspero y una administración responsable de los recursos en beneficio de la sociedad.
La confianza en estos avances se refuerza con datos públicos: se estima que este año se podría alcanzar la mayor cifra histórica de inversión en la evaluación ambiental, elevándose hasta US$40.000 millones en proyectos que incluyen medidas para mitigar impactos. No obstante, el reto continúa, especialmente en lo referente a la tramitación de los permisos sectoriales posteriores a la obtención de la Resolución de Calificación Ambiental. Es fundamental ejecutar la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales con compromiso y celeridad, respetando los plazos y considerando el aporte del sector privado en la formulación de los reglamentos correspondientes.
Además, aunque el plan de modernización del SEIA resulta un avance significativo, se hace necesario impulsar una reforma legislativa integral a la Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente N° 19.300. El objetivo es transformar el proceso de evaluación ambiental en un elemento que agregue verdadero valor a los proyectos de inversión, en vez de ser percibido simplemente como un costo administrativo. Esto pasa por lograr una mayor coherencia regulatoria, eliminar redundancias y fortalecer las capacidades técnicas de las instituciones, estableciendo así un marco que favorezca tanto la innovación sostenible como el dinamismo económico.
Chile se encuentra, por tanto, en el umbral de un renacer. Con iniciativas como las del SEA y la colaboración activa de Sofofa, es posible convertir los desafíos en oportunidades. Es el momento de actuar con una visión estratégica y conjunta para superar el letargo y construir un país más próspero y sostenible.
*La autora de la columna es consejera Sofofa*
Autor: Iñigo Socías
